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Desde la entrada en vigor de la nueva Ley 35/2015 en 2016, la cual rige en materia de accidentes de circulación, se viene usando de forma repetitiva términos como “accidente de baja intensidad”. Este término es usado por las compañías aseguradoras para rehusar la reclamación realizada y por tanto no abonar indemnización por las lesiones. Se parte del rechazo al entender que los daños ocasionados en los vehículos no son suficientes para provocar lesiones en sus ocupantes. Esto es lo más importante, si el presupuesto de reparación no es elevado, ya sea del coche propio o del contrario, la compañía aseguradora rehusará cualquier reclamación por daños personales.

Para entender que significa o, más bien, para entender de qué forma es utilizado por las compañías aseguradoras, primero debemos conocer el artículo 135 de la Ley antes mencionada, donde se enuncia el criterio de intensidad. Este criterio se recoge, junto a los de exclusión, cronológico y topográfico. Es cierto que estos criterios solo son aplicables a los siniestro en los cuales los perjudicados hayan sufrido, como dice el texto de forma literal “traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias, se indemnizan como lesiones temporales, siempre que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica”. Este criterio, como vemos, en base a la Ley solo sería aplicable en aquellos casos en los cuales las lesiones sufridas por los ocupantes/perjudicados fuesen susceptibles de ser verificadas de forma objetiva, pero en la realidad no ocurre así ya que se aplica a todo tipo de siniestros y lesiones. El término “baja intensidad” es usado, por lo tanto, en todo tipo de siniestros a fin de rehusar la reclamación efectuada por los perjudicados y no abonar cantidad alguna por sus lesiones.

Los siniestros de baja intensidad más comunes son los que se producen en choque por alcance (impacto trasero), pero también pueden serlo aquellos por choque/roce lateral, por impacto frontal, e incluso por vuelcos y atropellos.

Para acreditar la baja intensidad en estos siniestros, las compañías aseguradoras han dejado de estudiar las lesiones realmente padecidas por los perjudicados en accidentes de circulación para pasar a estudiar los daños que dicho accidente ha provocado en los vehículos intervinientes. Todos podríamos entender el término de “siniestro a baja intensidad” como aquellos que se producen a una velocidad mínima, nunca excesiva. Pero en la práctica, se debe entender como todo aquel siniestro que no haya comportado en alguno de los vehículos intervinientes un daño cuya reparación esté por encima del umbral que cada compañía determina. Es decir será siniestro a baja intensidad si la reparación del vehículo no está por encima del límite que cada compañía establece, el cual puede ser de 400€, 500€ o hasta 600€. Si la reparación del vehículo afectado está por debajo de éstas cantidades lo más normal es que la compañía aseguradora del vehículo causante del siniestro determine que se trata de un accidente de baja intensidad.

Desde el despacho García-Herrera recomendamos nunca remitir el presupuesto de reparación del vehículo propio a las aseguradoras intervinientes, ya que sin haber estudiado el caso, puede ser muy perjudicial para los intereses de los perjudicados.

Un ejemplo práctico sería: el vehículo perjudicado tiene unos daños materiales de 550 euros y se acepta el siniestro por parte de la compañía pero, una vez peritan el vehículo culpable, y su factura de reparación no es mayor de 200 euros, se rechaza el siniestro por baja intensidad. Es decir, primero se admite porque la cantidad que cuesta arreglar el vehículo perjudicado son mayores de los que marca su umbral, pero más tarde se rechaza al comprobar que la cantidad que cuesta reparar el vehículo culpable del siniestro son está por debajo de su umbral de actuación, por lo tanto rechazan el siniestro y rehúsan todo tipo de reclamación.

Par apoyar esta respuesta y rehusé de la reclamación, las aseguradoras emitirán el famoso informe biomecánica. Son realizados en casi todos los siniestros que las aseguradoras consideran de baja intensidad, y son remitidos a los perjudicados junto al rehúse de su reclamación. Estos informes, a menudo, son realizados de forma genérica para todo este tipo de siniestros, sin trabajarlos demasiado y sin tener en cuenta las circunstancias reales que rodearon el siniestro objeto de estudio.

Éste tipo de respuesta por baja intensidad, apoyado en el informe de biomecánica, comenzó aplicándose en los siniestros por alcance para las lesiones por latigazo cervical (ya que ésta lesión requiere un movimiento brusco del cuello hacia detrás y rápidamente hacia adelante), pero se ha seguido utilizando tanto para otro tipo de siniestros, como ya hemos mencionado, como para todo tipo de lesiones (cervicalgias, dorsalgias e incluso contracturas en espalda, cuello, trapecios, etc…).

Una vez la compañía ha remitido al perjudicado el rehúse de su reclamación junto al informe de biomecánica, del cual se sirven para justificar el rechazo de cualquier pretensión por parte de los lesionados, será el momento de interponer la oportuna demanda. En la práctica a menudo nos vemos en la obligación de interponerla dado el continuo rehúse que las aseguradoras realizan a las reclamaciones efectuadas por los perjudicados, imposibilita poder conseguir la indemnización merecida de forma extrajudicial.

En sede judicial, el día del Juicio, la aseguradora acudirá al Juzgado asistido de un perito médico, que a veces valora personalmente al perjudicado y en otras ocasiones solo ha estudiado la documentación, así como de un perito biomecánico, quien ha realizado el informe biomecánico en el cual basan el rehúse de la reclamación. A menudo, como ya comentamos, no se realiza el estudio de forma fiable ya que no se tienen en cuenta las circunstancias que rodearon al accidente objeto de estudio, basándose en criterios generales sin ni siquiera haber examinado personalmente los vehículos, por lo que no es difícil desacreditar éste tipo de periciales frente a un Juez.

En García-Herrera abogados somos especialistas en esta materia, y por ello sabemos que es imprescindible contratar los servicios de un despacho externo a la compañía lo antes posible, ya que de ésta forma se realizarán todas las gestiones de forma correcta lo que repercutirá en un mayor éxito en la reclamación, y por tanto en la cuantía conseguida.

Como ya comentamos en la anterior entrada, donde se explica que pasos seguir tras haber sufrido un accidente (ver), los honorarios del despacho de abogados elegido podrán ser abonados directamente por la compañía, sin que tenga ningún coste para el perjudicado.



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